USOS, COSTUMBRES Y FIESTAS TRADICIONALES.

  LA POLLERA PARTE DEL VESTUARIO FEMENINO EN EL FOLKLORE PANAMEÑO

Iniciaremos hablando sobre el traje femenino. Del nacimiento de esta prenda de vestir, señala la Prof. Dora que todas las cosas tienen un origen; sin embargo, -advierte- aplicando algunas de las características del hecho folklórico, no se puede compadecer con la materia folklórica un origen exacto si se carece de espontaneidad o anonimato, concepto éste que confirman otros estudiosos de este tema, tales como: Nieves de Hoyos, Matilde Obarrio de Mallet, Ramón Reyes, Armando Reclús, Ernesto Morales, La Marquesa Española Josefina Eugenia De La Cruz Garrido, Nicolle Garay, Rodrigo Miró, Aurelio Dutary, Samuel Lewis, Oscar Velarde, Edgardo De León Madariaga y otros.

Hablan, entre otras cosas, que el origen de este vestuario se remonta a los siglos XV1o XVI1, y que deriva como todos los vestidos de América Latina, del traje español. Aunque, no precisamente del traje español, rico en terciopelo o seda, sino, de aquel traje generalmente blanco, con una saya de amplio vuelo, con dos o tres zócalos, con sobrepuesto o bordados en dibujos florales.

Refiriéndose a este tópico, la Profa. Dora de Zárate resaltó: He aquí una muestra que una semilla puede producir fruto de diferente sabor y calidad, según sea el terreno en que caiga y aquí; el ambiente, la esencia psicológica de los seres habrían de usarlo, el clima, la posición geográfica y el área, la desnudez de nuestros indios, de este crisol en que se mezclaron tiempo, alma y geografía; he allí nuestro traje con tan singular atracción que nos hacen gozar con la certeza exacta de lo maravilloso de nuestro gusto estético".

El nombre de POLLERA lo registra en el diccionario como vestido de la cintura para abajo, con muchos pliegues y vuelo. en su edición penúltima, el Diccionario Vulgar de la Real Academia Española de la Lengua Castellana, dice que pollera es un vestido interior en relaciòn con el bial y el guardapies. En Andalucia llaman pollera a la Basquiña. Por Nisla E. Vergara de Chavez. La Voz, EL Canto y La Proyecciòn Folklòrica.


ARREGLO DE POLLERA ANTIGUA:

La práctica en las polleras de gala es el empleo de los tembleques blancos ya sea en las técnicas de perlas, escamas, y/o gusanillo. 

Uno o dos pares de peinetas, peinetón, jazmines, pajuela (opcional), parches.

Cadenas: En relación a la joyerìa se puedenutilizar de una a siete cadenas (no repetirlas). Tapa hueso de cinta negra o gargantilla. Aretes (dormilonas, tango, argollas).

Zapatos: Se aconsejan los calzados satín con hebillas y, en el caso de las polleras estampadas los zapatos de satìn son sin hebillas. Se recomienda utilizar dos enaguas.

Accesorios: El pañuelo y el monedero deben ser blancos. El rebozo y abanicos son opcionales. El enjaretado, los gallardetes y los zapatos deben ser del mismo color.  












COSTUMBRE PANAMEÑA MÀS ESPERADA DEL AÑO.

Cuando llegan los carnavales, yo siempre siento que el país entero cambia de ritmo. Esa fiesta cae justo en pleno verano, cuando el sol pega durísimo y el calor no perdona. Y como buen panameño, ya yo sé que la única manera de sobrevivir a ese bochorno es tirarse pa’ la calle a gozar. Por eso, cada año terminamos todos apretujados en la avenida, sudando la gota gorda y gritando a todo pulmón: “¡Agua, agua!” esperando que llegue el famoso carro cisterna.

Yo no sé si en otros países pasa algo parecido, pero aquí es tradición pura y dura. Apenas asoma el camión cargado del “vital líquido”, nos emocionamos como si fuera un artista famoso. Y cuando abren esas llaves y el chorro cae con fuerza, eso es gloria bendita. Nos riegan como si fuéramos matas, y créanme, uno se siente hasta renacido. Es un frescor que te revive el cuerpo y el ánimo.

Los culecos o como muchos también le dicen, la mojadera no son solo agua y música. Para mí son un momento donde nos olvidamos de todo lo estresante, donde bailamos sin pena, nos reímos con desconocidos y disfrutamos lo simple: estar vivos y juntos. Es una costumbre que viene de años y que todavía mantiene a la gente unida, desde el más pela’o hasta el más adulto, todos bajo el mismo aguacero de alegría.

Así que si algún día andan por el istmo en tiempos de carnaval, yo les recomiendo que no se queden viendo desde la acera. Métanse de lleno en el relajo, pídanle agua al cisterna y vivan esa experiencia a lo panameño. No hay nada como pegarse un buen culeco pa’ entender de verdad cómo late esta tierra.


FIESTA TRADICIONAL DE LOS AMANTES DEL FOLKLORE.

Cada vez que regreso a Guararé para vivir el Festival de la Mejorana, siento como si el corazón se me acomodara en su lugar. Es una sensación difícil de explicar: es como volver a una casa grande donde todos nos conocemos, aunque no nos hayamos visto nunca. Desde que voy entrando al pueblo, el sonido de las salomas, el repicar de los tambores y el aroma a comida tradicional me envuelven de una forma tan familiar que me recuerda por qué este festival no es solo una actividad cultural, sino un encuentro profundo con nuestras raíces panameñas.

Lo que más disfruto del festival es ver cómo cada detalle cuenta una historia. La pollera, el sombrero pintado, la décima, el violín y la cumbia se convierten en protagonistas de un escenario donde lo autóctono se celebra con orgullo. Cada presentación me hace sentir parte de algo más grande, de una tradición que se ha mantenido viva gracias a la pasión de la gente que, año tras año, aporta su talento y su corazón. A veces me sorprendo emocionándome con una saloma o con una pareja bailando cumbia, porque sé que detrás de esa expresión hay generaciones enteras que han cuidado este legado.

Para mí, el Festival de la Mejorana es un recordatorio de quiénes somos. Es caminar entre puestos de artesanos, compartir un chicheme bien frío o escuchar historias de los mayores, y sentir cómo la cultura se transmite sin discursos, solo viviendo. Cada vez que me despido del festival, me voy con la certeza de que lo nuestro tiene un valor inmenso y que es responsabilidad de todos seguir alimentando esa llama. Volver a Guararé en estas fechas es volver a sentir la esencia de Panamá latiendo con fuerza, y por eso, cada año, me prometo regresar.



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